sábado, mayo 12, 2007

Nueva sección: Historias de amor, hoy presentamos...

La del güero, parte II
Bajar la cuesta empedrada, llegar al atrio de la iglesia, trepar la cerca y silbar bien fuerte. Enfrente está la casa ancha de los cuatro pisos, en la azotea vives tú. Sé muy bien que cuelgas tu toalla blanca en un clavito que hay en una viga, afuera de tu puerta. Y me gusta que hay cactus por todas partes.
Te voy a buscar, de día por medio. Tu tienes la opción de no salir, yo me resisto a ir diario, pero lo cierto es que a los dos se nos acelera el corazón cada vez que echas las llaves en una cubetita atada a un mecate y la haces bajar para que yo me pelee con tu puerta.
De ti recibí la carta de amor más extraña del mundo, como esto no es ficción y me guardo un poquito para mí, sólo diré dos palabras al respecto: Niños Héroes. Lo que si diré es que no tuve más restricciones ni cuidados, y así me fue.
Se nos iban los días y las noches; ansiaba bajarme del pesero en la noche y caminar por mi calle, porque desde una cuadra antes podía saber si estabas despierto y si la noche tras mis chiflidos podía ser.
Y llegó la navidad, y te llevó lejos con el estuche duro de guitarra en una mano y una bolsa de calcetines sucios a la espalda.
Y yo esperé una semana y dos y se me cocieron las habas y se me volvieron a secar. Y en nuestra calle empezaron a armar los juegos de la feria, y por fin sin esperanzas, bajé yo la cuesta el último día del año, para ir al centro a consolarme con un café, domingo y sin bañar, y ahí estabas, a medio camino de nuestra calle te encontré, y ya venías con los calcetines y la guitarra, y se nos escapó una sonrisa, y mis pechos te saludaron, o eso dices tú.
Y volvió a ser nuestro domingo interminable y comimos y reímos y vimos el castillo con sus luces desde tu terraza y escuchamos la banda que guió nuestros movimientos esa noche, y nos desnudamos y desnudos nos quedamos, en esa cama tuya que era consuelo del invierno, y acurrucados nos volvió a encontrar el lunes, que te volvió a robar de madrugada y me mandó a mi casa, a envolverme en otras cobijas que no eran lo mismo.

2 comentarios:

Maria B dijo...

Wow! si escribieras un libro me encantaria leerlo, me gusta tu estilo me deja en la mente un sabor de Gabriel García Marquez.

La Chili dijo...

Que cumplidototote, gracias.