El viernes nos mudamos a nuestra nueva casa, trajeron nuestras cosas en un camión y dormimos la primera noche ahí.
Tengo que admitir que tengo muchas dudas, por más que procuro mostrar lo mejor de nuestros días aquí, que me sirve de recordatorio sobre lo bueno de nuestros días.
Pero nunca estuve segura de irme de México y lo extraño con todo mi corazón.
Estamos a gusto, pero el dinero escasea.
El domingo recibimos a todos nuestros parientes para comer y después de eso Itzcóatl comenzó con una tos, así que terminó no yendo a la escuela toda la semana, me gustó volver a sentir ese ritmo de vida, hacerle tés para que se curara lentamente pero definitivamente, apapcharlo, oírlo jugando y jugando por horas cuando se sentía mejor.
Hoy regresó a la escuela, no quería ir, pero no fue dificil convencerlo, yo pienso que mientras es preescolar no hay tanto problema porque les permiten jugar más y es poco tiempo, pero la primaria suena tan mal y no hay buenas opciones, creo que da lo mismo mandarlo a una pública que a una privada, aún serán muchas horas sentado poniendo dizque atención y muy poco para jugar con los otros niños y socializar, que es la razón principal por la que lo llevo a la escuela.
Me confunden todas las ideas, desde las maliciosas que pretenden mostrar que las madres que nos sentimos atraídas por la educación en casa somos unas sobreprotectoras y que nuestros hijos no aprenderán nada, hasta el cuestionarme porque todo se tiene que tratar de aprender todo el tiempo.
Hemos estado abriendo nuestras cajas que vinieron de México y encontrando pequeños tesoros, la cobijita que le hizo Mirak al pillo, las zapatillas de ballet que eran de mamá, etc.
A ver si hoy nos organizamos una salida y eso me anima, anque por otro lado perder la mañana en la escuela imposibilita mucho las salidas aquí porque llueve mucho.
En fin... hoy mi cabeza es un desorden.