Hace varios meses que he estado recibiendo presión (principalmente desde el interior de mi cabeza) por hacer la transición de tina a regadera para mi hijo, como todos lo procesos en los que uno
cree que ya sería hora del que niño hiciera tal o cual, los resultados eran desastrosos y muy estresantes para ambos. Llegó un momento en el que él lo disfrutaba un poco, pero con tantos cambios la hora de la regadera volvió a ser una tortura con gritos, yo solía posponerlo por días (si, lo admito) y me sentía culpable sin importar lo que hiciera. Finalmente pensé que aquí que hace calor y todo, una tina no estaría mal, podríamos ponerla en el patio o algo. Quise comprar una batea grande que sirviera también para la ropa sucia pero en el supermercado cercano no había, sólo había tinas de bebé, el abuelo dijo: ¿y eso fuancionaría?, y yo dije pues pero... pero ¿qué?

La compró y la trajo, el chiquito se la pasó el resto de la tarde jugando a que era un pato en su huevo estaba a punto de nacer y cuando llegó la hora aceptó el agua fría (no helada, digamos que al tiempo, no hay agua caliente aquí) sin ningún problema y se la pasó un gran rato metido sin querer salir, pataleando y demás, apenas lo hube lavado me dijo: ve mamá, a otro cuarto, en una forma que yo entendí que quería decir que fuera a hacer lo que me diera la gana y lo dejara disfrutar, yo llevaba prácticamente dos días sin despegarme de la computadora trabajando en la actualización de mi página y estaba agotada, así que me di chance de revisar las telas que tengo aquí, no son muchas así que no conbinan muy bien, pero me dió tiempo de planear las cortinas del cuarto el regalo de cumpleaños para un amiga, me anda por coser, siento que es tortura piscológica estar alejada de mi máquina por tanto tiempo, poer aunque lo tengo que coser a mano, no importa.

Parte del punto de todo este choro es que la lección principal de la desescolarización o
unschooling es que nadie sabe mejor que el niño cuando esta listo para que o que es lo que necesita saber o hacer en tal o cual momento y si tratamos de ir en contra de ello procurando imponer nuestro punto de vista terminaremos enojados y frustrados y dañaremos la relación con nuestros hijos porfundamente porque el objetivo será siempre hacerlos obedecernos y así establecer nuestra superioridad, y así ningún aprendizaje o amor puede ser disfrutado, es fácil y simple, hay que escucharlos, ellos siempre saber mejor.