Desde que llegamos mi niño vió la caminadora de su abuelo, y quiso subirse, lo le dije que no podía, pero como suele ser con estos niños listos (es decir cualquier niño), él sabía más, y ya la dominó, le encanta, apenas despertó fue a hacer ejercicio y quería interrumpir la hora de la comida para ir.
Y claro, no fue casulidad que esta posición que nunca podía hacer en México, de la que me caía constantemente no me costara ningún trabajo, balance, estamos en balance.