Hoy, por fin me lo hice, bueno me lo hicieron, a menudo uno dice así, me tatué, pero más bien te tatuaron. Bueno la cosa es que por fin. Al principio no me parecía que quisiera uno, pero cuando llegó a mi la idea de lo que quería y después de tener a mi hijito, como que todo cambió. Lo más importante que cambió es que antes sentía que tenía que mantener mi cuerpo de cierta manera para poder actuar, porque actuar era mi vida y los castings y todo eso, pero luego, antes de que me alejara del teatro (temporalmente, como lo hice ahora), llegué a la conciencia de que soy dueña de mi propio cuerpo, y esto me cambió de una manera muy profunda y en muchos niveles y me permitió pensar que soy dueña de mí y que los otros han de aceptar eso, pero no de esa manera en la que a veces les restregamos nuestra personalidad a los otros en un grito desesperado de aceptación, sino en serio, es simple: a quien le gusta mi yo, pues puede entrar en contacto y si no, no, y ya, sin dramas ni exageraciones. Y me gusta decir todo lo que siento, no todo lo que pienso. Y me gusta ser yo. Y me gusta ser mamá y muchas cosas más. Y me gusta la gente con la que tengo una conexión, única, jugosa, cargada de amor.
Y tantán.
Y chequen todos mi precioso tatuaje que aún no está acabado.
