Es muy difícil retratarla, es completamten subjetivo, es sólo la forma que tiene dentro de mi corazón, y aún así pienso que otros puedan percibirlo de la misma manera.
En realidad me refiero más al D.F. y más como al de finales de los ochenta, principios de los noventa y al mismo tiempo a eso que nunca cambia.
Escuchar Los Contertulios de pronto me transportó allá, pero me pasa a menudo, un bolero, o un tipo de jazz y ya estoy allá, viendo un mantel deshilado, una tarde lluviosa, las cortinas de pajita, una cazuelita de barro con limones partidos por la mitad, sillas de madera con asiento de paja gastado, aguacate en rebanadas, queso Oaxaca otra vez para cenar, todo allá fuera, una tiendita, la tortillería, la panadería, los peseros pasando, y yo ahí, en el refugio de la tarde, aún con latidos.
Estos recuerdos-añoraciones son combinación de tantas cosas.
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Por otro lado el día de las madres mexicano, 10 de mayo (en Costa Rica es 15 de agosto), estuve escuchando mi programación radiofónica matutina de siempre; Noticioario de Radio Unam, Plaza Pública con Granados Chapa, y luego me tocó el programa de la Secretaría de Relaciones Exeriores, y Chiapas Expediente Nacional, éste último no lo había escuchado antes y lo recomiendo mucho, recolecta testimoniso de diferentes radios comunitarias.
Pensé mucho en cómo celebré mi primer día de la madre, cuando apenas estaba embarazada, en un restaurante me ragalaron una rosa, que guardé por varios años, mientras escuchaba los reportes sobre la marcha encabezada por Javier Sicilia, me dolieron en el pecho y sacaron lágrimas los testimonios de padres y madres con hijos asesinados con violencia o desaparecidos producto directo de la reciente
Guerra contra el narco que ya se cobró la vida más de 20 mil mexicanos que no tenían relación con nada de ello.
Yo no le veo salida a todo esto, más que la de la violencia o algún acto que remueva más las cosas, porque estoy viendo cómo el fraude se repite y repite desde que yo tenía ocho años (ocurría antes, claro) y fui conciente por primera vez de ello, y me dolió y pensé que no debía ser y que las cosas podrían ser de otro modo, y las he visto repetirse. Así que no confío mucho en que votar vaya a cambiar algo. Me da tristeza todo esto, y una endemoniada impotencia.
Y extraño todo al mismo tiempo, y temo por los que quiero, y comprendo que no puedo comprender cómo estan las cosas en realidad porque no estoy allí, y ni si estuviera, no se sabe.
Y no se que más decir, y me quedo muda, con lágrimas, con rabia.