Ayer colapsé de cansancio.
Simplemente no pude más, llegué a casa luego de ir lejos a dar clases y traté de hacer los pasteles que debía, de llegar a un compromiso con unos amigos, de llevar los libros que caducaban ese día a la Biblioteca.
Nada ocurrió, simplemente me quedé dormida, mientras mi pequeño hacía videos con los Legos, no hice cena, no hice nada, sólo dormí. Al poco tiempo sentí un cuerpecito que me abrazaba y cuando abrí los ojos me di cuenta de que dormía a mi lado.
Podría bien decirse que fallé, que fracasé, que fui irresponsable.
No podía más.
Esta mañana un poco recuperada, preparé huevos sobre tortillas fritas con papas, bañados en salsa verde. Luego metí un brownie al horno, con una masa que se había quedado pendiente luego de un corte de electricidad.
Y después llegó Lu. Hicimos la ofrenda, sin importar que fuera 3 de noviembre, ya vendrán los muertitos igual ¿no?
Encontramos un poco de paz, al menos barrí mi horrendo piso y todo se vió mejor, se sintió mejor.
Es difícil, no la maternidad, según yo, sino proveer el sustento y mientras ser mamá, administradora del hogar, cocinera y ama de casa (que no son todo la misma cosa).
Le mando un fuerte abrazo a todas la mamás guerreras, perdónense sus ¨fallas¨, y abracen a eso chiquitos hermosos.
Buen domingo.